El Santo Niño Cieguecito 2/2.



Sudoroso, el chacal advirtió que la criatura divina seguía envuelta en llanto y que de las cuencas de los ojos fluía un líquido rojizo, sanguinolento.

Como consta en actas, el maniático trató de aniquilarlo de diversas maneras y luego "abandonó al Santo Niño en la cima del Cerro Punjuato, entre dos piedras cubiertas con punzantes breñales que lo ocultaban".

Dos días después de ocurrida la profanación, el apóstata fue aprehendido y llevado a prisión. Ahí, víctima de los delirios, declaró lo que aquí se narra. De su pasado nada se sabe, tampoco de su tierra, de su casa, de su origen.

Lo único cierto -también lo dicen las crónicas- es que los días que siguieron padeció visiones y espasmos. Tuvo vómitos, diarreas. Fue víctima de llantos prolongados. Y no hubo un alma piadosa que cuidara sus dolores.

Como en revelaciones, el Santo Niño se le apareció en sus noches de insomnio. Jamás olvidó esas cuencas vacías, menos el líquido en sanguina corriendo por la piel.
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Los días 10 de agosto, a las puertas del templo (de Capuchinas) -ubicado en la 16 de septiembre y la 9 oriente- llegan todos a expiar sus culpas.

Orgullosamente poblano. Fundación Cultural del Pri. Puebla. Textos: Alejandro Meneses, Mario Alberto Mejía, Alejandro C. Manjarrez, Primera edición, 1995, pp. 77-78.